‘’El proceso de trabajo con un niño es suave y fluido – un evento orgánico’’ Violet Oaklander

20 ago 2012

Los ocho principios básicos de la terapia de juego no-directiva

Terapia de juego no – directiva



Virginia Axline (2003), indica que la terapia de juego no-directiva es una oportunidad donde el niño puede experimentar crecimiento, bajo las condiciones más favorables.
La herramienta más eficaz que propone es el juego: medio natural donde podrá actuar todos sus sentimientos, frustraciones, inseguridades, agresiones, temores y confusiones.  El poder actuar estos sentimientos por medio del juego hace que  salgan a la superficie para que el niño pueda enfrentarse a ellos, aprendiendo a controlarlos o rechazarlos.


Enlazado a ello, ¿Por qué escoger  el juego?

Un video producido por Smartplanet explica la importancia del juego


La autora indica que la terapia tendrá éxito siempre y cuando el terapeuta sepa cómo manejarla. Cumpliendo con el señalamiento básico de permitir al niño que emprenda el camino que desee; por tanto, el terapeuta no dirige.
Además, el éxito será palpable si se cumplen con los ocho principios básicos con sinceridad, consistencia e inteligencia. Nosotros, agregamos a estos tres elementos el arte.
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Los 8 principios básicos de la terapia de juego



I.                    Estableciendo la relación
Terapeuta: (se dirige al niño de forma sonriente) buenas tardes Johnny, me alegra verte. ¿Te agradó ese Mickey Mouse que se encuentra en aquella mesa?
Johnny: Sí, es gracioso.
Terapeuta: ¿Te agradaría acompañarme al cuarto de juegos y ver muchos juguetes bonitos?
Johnny: No
Terapeuta: Oh, vamos, Johnny. Ahí hay pinturas, arcilla y soldados de juguete. A ti te agradan los soldados de juguete. ¿No es así?
Johnny: No, no deseo ir.
Terapeuta: Muchos niños vienen aquí y les agrada nuestro cuarto de juegos. Tenemos una gran casa de muñecos y toda una familia de muñecos.  (Johnny llora pidiendo a su mamá)
Este fue un claro ejemplo de lo que NO debes hacer. El terapeuta no está aceptando a Johnny tal como es, ni reflejando sus sentimientos. Hubiese sido conveniente hacer una pausa desde que empezó a hablar. Al parecer el terapeuta está creando una guerra bajo agua.
El primer principio de la terapia de juego explica: ‘’El terapeuta debe desarrollar una relación interna y amigable con el niño, mediante la cual se establece una armonía lo antes posible’’. En el ejemplo anterior el terapeuta es lo suficientemente amable y tierno con Johnny pero en realidad lo está forzando a aceptar una invitación y pretende que actúe igual a otros niños. En lugar de crear una relación amigable está logrando que Johnny desconfíe de él.
¡Ojo! La relación interna amigable depende de ti, no del niño que llegó a tu consultorio.

II.                  Aceptando al niño como individuo
En el ejemplo anterior el terapeuta intenta controlar la actividad, opina que es importante que Johnny se dirija al cuarto de juego e intenta acelerar las cosas. Por tanto, no está aceptando al niño tal y como es, quien en realidad no desea jugar en ese momento; si hubiese tenido que existir silencio y éste prolongarse pues así debería de ser: el terapeuta se adapta a ello y es accesible.
La aceptación del niño se demuestra por medio de la actitud del terapeuta. Él conserva una relación tranquila, segura y amigable con el niño. Evita demostrar cualquier señal de impaciencia, absteniéndose de realizar cualquier tipo de reproche (directa o indirectamente) y halago.
Queda claro lo que indica el segundo principio: ‘’El terapeuta acepta al niño tal como es’’.
¡Recuerda! Cuando un niño o adolescente llega a la clínica es porque se está buscando que se modifique su conducta, llegando a la conclusión que está siendo rechazado (directa o indirectamente). Por tanto, la total aceptación del niño parece ser de vital importancia para el éxito de la terapia.
La expresión facial, el tono de voz y aún los gestos utilizados por el terapeuta pueden dar dos mensajes: eres aceptado o no eres aceptado. Ves, esto es un arte.
III.                Estableciendo un sentimiento de permisividad
Una vez más, la permisividad es establecida por la actitud del terapeuta hacia el niño, por medio de expresiones faciales, tono de voz y acciones.
La permisividad se basa en una total ausencia de sugerencias. Si el terapeuta dice: ‘’Puedes jugar con los juguetes en la forma que desees’’ así debe ser. En el caso de Johnny el terapeuta se centró en hacer sugerencias que provocaron que éste se soltara en llanto pidiendo a su mamá. Si el niño prefería estar en silencio y el terapeuta lo concede le está demostrando que respeta lo dicho y por ende recae la responsabilidad en Johnny de decidir cuándo jugar.
El tercer principio se vuelve muy necesario: ‘’El terapeuta crea un sentimiento de actitud permisiva en la relación, de tal forma que el niño se sienta libre para expresar sus sentimientos por completo’’.
¡Presta atención! Si el niño puede expresarse de cualquier forma: recostarse en el piso y beber de una pacha sin importar la edad, golpear a la muñeca que representa a mamá o papá e incluso matarlos, decir lo que quiera decir y no sufrir de sentimientos de vergüenza o culpa, entonces el terapeuta ha logrado crear un sentimiento de permisividad.
IV.                Reconocimiento y reflexión de sentimientos
Los niños van a expresar sus sentimientos por medio de elementos en la conversación directa o de su juego, y es el trabajo del terapeuta estar alerta para capturarlos para uso terapéutico.
Los sentimientos pueden ser reconocidos y/o interpretados, las cuales son dos cosas diferentes; reconocer los sentimientos  se hace por medio de la observación de los símbolos que el niño utilice para expresarse, como muñecos en escenarios inventados por él.
La interpretación es un nivel más profundo en el que se le da un sentido al simbolismo que el niño utiliza en el juego, haciendo un enunciado que revele información relacionada a su condición. Es tremendamente importante que el terapeuta preste atención a qué vías de comunicación son usadas para plasmar los sentimientos, ya que él deberá utilizarlos de igual forma siempre que el niño lo requiera. Por ejemplo, los muñecos mencionados anteriormente: si la trama de un juego es que un muñeco tiene miedo porque es sacado de casa por sus padres y llevado a un área solitaria del bosque, el terapeuta tiene que hablar del muñeco así como lo hace el niño, y si eventualmente dice algo como ‘’a mí también me da miedo salir de casa cuando mis papás me castigan’’, quiere decir que está listo para recibir una respuesta o comentario dirigido directamente a él.
Esto nos dice el cuarto principio: ‘’El terapeuta está alerta a reconocer los sentimientos que el niño está expresando y los refleja de nuevo hacia él de tal forma que el niño logra profundizar más en su comportamiento’’.
¡Recuerda! A medida que al niño se le reconoce cada sentimiento que expresa, sus emociones se liberan en un significado cada vez más profundo.
V.                  Conservando el respeto hacia el niño
Quinto principio: ‘’El terapeuta observa un gran respeto por la habilidad del niño para solucionar sus problemas si a éste se le ha brindado la oportunidad par hacerlo. Es responsabilidad del niño decidir y realizar los cambios’’.
Centrar la terapia en el niño implica que el terapeuta le deje ser el responsable de hacer los cambios, con el fin de darle a entender que él es responsable de sí mismo. Como parte de la estructura de la terapia y libre de presiones, el niño comienza con cosas pequeñas, como materiales en el cuarto de juego, y se extiende durante toda la relación terapéutica.
La toma de decisiones libre le ayuda a adquirir confianza y autorespeto. El niño deberá hacer una elección a sabiendas de que el terapeuta continuará con su actitud permisiva y eso le llevará a pasar la experiencia tranquilo y seguro de su relación.
¡Ojo! Todos los niños se enfrentan con este reto de ser independientes cuando entran al cuarto de juego, pero se han registrado casos de niños temerosos, dependientes e inseguros que evidencian el papel de la autosuficiencia en su desarrollo: la confianza en sí mismos aumenta, las tensiones y la ansiedad anticipatoria se regulan, y se gana un sentimiento de equilibrio que deriva en obtener autocontrol. En resumen, manejarse solo conlleva un sentimiento de confianza en sí mismo que le alienta a seguir adelante.
VI.                 El niño guía el camino
El sexto principio de la terapia de juego indica que El terapeuta no intenta dirigir las acciones o conversación del niño en forma alguna. El niño guía el camino. El terapeuta lo sigue.
El terapeuta no debe realizar preguntas respecto a lo que el niño realiza o comenta a excepción de “¿deseas contarme sobre ello?”; debe eliminar las palabras de alabanza; evitar criticar a las acciones del niño y brindar ayuda solamente si ésta es pedida. El terapeuta debe evitar dar cualquier sugerencia o elegir los juguetes que el niño usará.
No apresures el camino, el niño
lo guía.
¡Ojo! La terapia es la hora del niño. El terapeuta debe limitarse a ser un reflejo sonoro contra el cual el niño prueba su personalidad. El niño guía; el terapeuta, sigue.
VII.              La terapia no debe ser apresurada
El penúltimo principio de la terapia de juego explica: “el terapeuta no pretende apresurar la terapia. Este es un proceso gradual y como tal es reconocido por el terapeuta”.
El niño vive en un mundo de prisas y ruido; es apurado en todos sus ambientes y se le limita cuando no es capaz de hacer algo más deprisa provocándole tensiones o frustraciones. Si lo que el terapeuta pretende en la terapia es aliviar estas tensiones y presiones, le permitirá al niño tomarse su tiempo y al notar esto, el niño evidenciará relajación.
Cuando el niño esté en disposición de expresar sus sentimientos en presencia del terapeuta, lo hará. ¡Recuerda! El terapeuta no conoce tan bien al niño como se conoce él mismo.
VIII.             El valor de las limitaciones
Por último, pero no menos importante, el principio ocho indica “el terapeuta sólo establece aquellas limitaciones que son necesarias para conservar la terapia en el mundo de la realidad y hacerle patente al niño su responsabilidad en la relación”.
En la terapia de juego se establecen pocas pero muy importantes limitaciones. En general, se habla de la limitación a destruir a placer los materiales de juego, averiar el cuarto o atacar al terapeuta. Además debe aclararse que si el niño abandona el cuarto de juegos no podrá regresar al menos ese mismo día.
La mayor limitación que existe es el tiempo; la cita es concertada, la sesión tiene una duración determinada y ésta se respeta.
De ser violadas las limitaciones, no se debe ir en contra de ninguno de los principios anteriores; es decir no se puede rechazar al niño por no ser obediente; en este caso el terapeuta deberá reflejar la conducta del niño esperando que con esto la conducta cese; no se busca crear sentimientos de culpa en el niño.
Por su parte, cualquier ataque hacia el terapeuta debe ser controlado inmediatamente; esto recordando la importancia del respeto auténtico entre ambos.
De acuerdo con Virginia Axline, las limitaciones deben aclararse cuando sean necesarias pues, hacerlas predeterminadamente podría limitar la expresión del niño. Eso sí, una vez se hayan aclarado, éstas deben ser acatadas con firmeza.
¡No lo olvide! Las limitaciones utilizadas con consistencia e inteligencia sirven para sujetar la sesión de terapia al mundo de la realidad, así como para prevenir posibles malentendidos, confusión, sentimientos de culpa e inseguridad.

Referencia
Axline, V. (2003). Terapia de juego. (19ª. Ed.). EDITORIAL DIANA: México.
Fotos-de-arte-abstracto
Que la creatividad e imaginación brote como los colores.

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